Instructor de esquí

La adolescencia llegaría pronto y con ella sus estupideces temporales a rebeldía, los egos, etc… y de ahí llegó un momento clave.

De buenas a primeras decidí no esquiar nunca más, tendría 15 años y la cabeza llena de pájaros CARPINTEROS, mi familia tan sorprendida como vacía de argumentos para motivarme y convencerme de lo contrario. No me gusta recordar mucho aquel momento y lo resumiré pero aún corre por dentro de mi el dolor que uno siente cuando se pone  en contra de uno mismo, es duro, muy duro. Gracias a algo o alguien Angel Tebar e Inma Ferrer, Gestores de la Escuela Española de Esquí de Valderinares  contactaron conmigo y mi familia para una iniciativa…

Estaban buscando gente de la zona con buen nivel de esquí para formarlos como profesores y pudieran dar clase, era una oportunidad y un honor (para aquel entonces la profesión era otra cosa ) pero sobre todo era una motivación enorme que sacó de mí una energía apasionada por algo que no conocía ENSEÑAR.

El plan era sencillo subíamos nos daban formación y asistíamos de oyentes a clases (la mayoría sin forfait ), aún a día de hoy recuerdo con los compañeros de la época las 7 horas de llano que nos “regalaban “ y que tanto nos enseñó de tantos y tantos profesores que allí habían.Personas de todo tipo, de toda edad, con formación en esquí o con la mera formación de la vida y sus años de esquiadores. En resumen… Una época dorada para mí en la que descubrí mi vocación. Las cenas de profes … las lecciones personales de tantos profesores, la técnica, la disciplina de formar parte de un grupo profesional de enseñanza, la ignorancia y la sabiduría, el cariño y respeto  infinito que cogí a muchos de ellos y que será para siempre.

Al final de aquella maravillosa temporada comencé a dar clases… y buffffff que sensación (aun me pongo nervioso al rememorarlos ) gritar de alegría cuando ese niño lograba el ejercicio… el cansancio de las 17:00 cuando no has comido pero te sientes lleno… de vida.

Tenía 16 años, fueron pasando las temporadas(2) y pronto me presenté a las pruebas de acceso (como el que se presenta a la oposición de juez) que presión, que dificultad, que viaje aquel… y que distinto a todo lo de hoy. Después las titulaciones Td1 y Td2 que al igual que el acceso fueron en Candanchú. Cursos de los que saque mucho, muy mucho, pero no solo en el aspecto profesional, en el personal los recordaré como la mayor concentración de risas de mi vida, grandioso.

Pronto pasé a realizar temporada completa (a los 20 años ) y ya todo lo que rodeaba mi vida lo condicionaba esta pasión, el bicho se hizo indestructible.

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